Finalmente ha llegado el momento de sentarme a escribir sobre el formato de Magic más cercano a mi corazón: Draft de cubo. Para abarcar tan importante misión desarrollé un plan, una hoja de ruta: seis artículos. Seis miradas a este formato casual que día a día va sumando adeptos.

Total, si Peter Jackson puede hacer 3 películas y probablemente más de 9 horas de “El Hobbit”, ¿por qué no puedo yo condensar más de 5 años de Cubo en 6 artículos? Como muchos de ustedes sabrán, generalmente la forma más elegante de comenzar el racconto de un viaje es por el comienzo de la aventura; la Génesis. En mi caso corro con una pequeña desventaja, una especie de deficiencia para recordar con exactitud detalles anecdóticos y escribir desde la memoria subjetiva.

Por suerte, no arranqué este viaje solo. Mi hermano Santiago siempre fue el co-piloto de todas mis andanzas magiqueras -si quieren otra referencia popular, yo sería Han Solo y mi hermano Chewbacca- y fue justamente a quien llamé para sacarme la duda: ¿En qué año, mes si podíamos ser más exactos, habíamos arrancado a construir nuestro cubo? Lamentablemente, el meticuloso del equipo había borrado todo indicio de aquellos primeros pedidos de cartas a los dealers, cualquier archivo o mail que nos indicara cuando arranco nuestra locura.

Pero, como toda cosa significativa en nuestra experiencia personal, puede que no nos acordemos exactamente el grado cero de un evento, pero tarde o temprano afloran los recuerdos –y más importante, las marcas temporales del relato-. El primer indicio de que existía este formato para mí fue el articulo “The cube 2.0” por Evan Erwin.

Para ponerlos en contexto, yo había dejado de jugar a las cartas aproximadamente en el 2001-2002, habiendo concurrido al auge del Shopping Caballito y llegado a disfrutar hasta el bloque odisea. Mas allá de alguna aventura esporádica, como jugar el pre-release de Guildpact con un amigo que estaba entrando en el juego, no concurría a locales de Magic ni pensaba en jugar competitivamente formatos construidos. Eso sí, seguía jugando por Magic Workstation con mi hermano y algunos amigos igualmente apartados de las canchas, así como frecuentando las páginas de estrategia de Magic…como muchos saben, uno nunca deja realmente el juego.

Entonces, a principios del 2007 fue que me topé con el artículo de Erwin (dirigido desde algún episodio de Magic Show donde hacía referencia al cubo, entrevistando a sus amigos con los que jugaba) y se volvió a prender la lamparita. “Esto es la solución a todos mis problemas!” exclamé por dentro. Tenía todo lo que necesitaba: un formato dinámico, donde nunca iba a jugar con el mismo mazo (elemento que, desde el ostracismo de la competición, me parecía ultra tedioso) y podría volver a experimentar el jugar con cartas como Treachery y Palinchron, donde hasta podría jugar un Mind twist y Skullclamp sin sentirme restringido por esas sucias normas éticas y morales dictadas por las listas de restricción y banneo en los formatos.

 

Cuando le mostré a Santiago el artículo sobre el formato y repasamos las cartas de la lista fue amor a primera vista. Nunca antes habíamos estado juntos en una empresa tan decidida. En otras épocas la idea de armar mazos era una complicación –debido a nuestro escaso caudal de inversión, supongo que sumada a una inmadurez a la hora de manejar nuestro stock de cartas para cambio- ya que se nos complicaba encontrar cartas para 2 jugadores sin un team que nos ayude.  Esto era otra historia, principalmente porque tenía un objetivo concreto y finito: encontrar las cartas que nos faltaran para llegar a la “lista final” era lo único que nos importaba y nos movilizó durante ese primer año a volver a frecuentar lugares olvidados por los años.

Ese viaje espiritual me llevó no solo a encontrar las cartas sino a re-encontrarme con lo que era la comunidad del Magic luego de años de darle la espalda. Recuerdo haber visitado el pórtico de Dima Games por primera vez en mi vida, rumiando entre las carpetas de aquellos seres que, al igual que yo, no se sentían convocados por la competencia que ofrecía el local en su interior sino por la oportunidad del trueque. También visite lo que suponía seguía siendo “El señor de los Anillos” para encontrarme con un Quiosco que contenía un par de cartas cual vestigios de una antigua civilización que supo ser gloriosa en otra época. Así, entre lugares viejos y nuevos, fuimos de a poco construyendo una piedra Rosetta, una Biblia del Magic para disfrutar por siempre entre nosotros.

Esta experiencia fue también una de adaptación: nuestra primera intención fue espejar la lista de Evan Erwin sin cuestionarla, pero a primera vista saltaban casos que se volvían complicados, al menos si íbamos a seguir nuestra intención de jugar sin proxies: Library of Alexandria, Time Walk, Ancestral Recall, Black Lotus, Mana Drain y el ciclo de las Duals eran ejemplos de un sueño imposible –al menos en ese momento- y no nos quedaba otra que “emparchar” el cubo con lo que hubiera al alcance de la mano, intentando respetar los planos del diseño original.

Así fue como un Black Lotus se transformó en un Lotus Bloom, Time Warp se disfrazó de Time Walk y Ancestral Vision cubrió el rol del Recall esperando que nadie note su ausencia. En el caso de los Moxes no había vergüenza de nuestra parte en jugar con Signets. En sí, en el primer año pasé de ser un sedentario retirado de las Magic a “cazador-recolector de cartones” nuevamente.

La fiebre corría nuevamente por mis venas, frenéticamente agrupando cartas que tenia juntando polvo y formaban parte de la lista, buscando aportes en cajas olvidadas de conocidos que habían dejado el juego durante los 90s y frecuentando dealers y locales para ir consiguiendo en módicas cuotas lo necesario para arrancar. Lo importante siempre fue y tiene que ser eso en todo emprendedor de un cubo: la diversión del formato más allá de cualquier letra chica en el listado. NINGUNA carta es específicamente necesaria para disfrutar del cubo, puedo afirmar sin temor a equivocarme que siempre que jugué la pase increíblemente bien, desde la primera vez que junte 360 cartas “con lo que había” hasta el día de hoy, con un cubo de 540 cartas y muchos “chiches” –ya llegaremos a esa historia en otra ocasión-.

Ponerse a construir un cubo le agrega un valor emocional al proceso sin parangón: al día de hoy, un gran porcentaje de las cartas que construyeron el primer prototipo de cubo siguen estando enfoliadas en la caja, y cada vez que las mire van a proyectar en mi un recuerdo imborrable de cómo llegaron hasta mis manos: sea un Cursed Scroll regalado por un amigo que había dejado el juego hace años, la Sower of Temptation que abrí en el primer booster que volví a comprar en mi nuevo ciclo como jugador casual de magic -en la casa de Ale Raggio, y JUSTO JUSTO antes de comprársela. Lo que es la suerte!- o la Chandra que Santi hizo firmar por Aleksi  Briclot en su primer Pro Tour.
Un cubo es algo que construimos para divertirnos, para compartir y que termina haciéndose parte de nosotros. Pero no sería nada sin “la pandilla”, sin los beta-testers del cubo. En la próxima entrega, les toca a ellos ser el foco del artículo.

Hasta la próxima!

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