Kabuto Atención: El siguiente texto contiene altas dosis de machismo, que puede herir la sensibilidad de aquel o aquella que lo lea. De ser así sepan disculpar y es mi deseo que se entienda como un texto de humor/ironía sobre esta relación que existe entre el género femenino y los cartones.

Hola nuevamente a todos, debo admitir que elegí un tema un poco polémico en esta oportunidad, el cual asumo con todas las responsabilidades que amerita. Todo aquel que quiera hacer una replica tendrá el derecho y la oportunidad.

Seamos honestos (siendo esta frase ya un latiguillo de mi prosa), el metagame humano -por llamar de alguna manera al tumulto magiquero- siempre esta signado por el desbordar de testosterona. Para hacerlo más simple, Magic es un juego forzosamente de machos.

Y con esto no quiero decir que no existan mujeres jugadoras, simplemente digo que porcentualmente la tribuna y los participes son en su mayoría masculinos. Tengo que admitir que esto siempre me lo plantee como casi una duda existencial, al nivel de otras preguntas que circulan mi cabeza: por qué no hay tantas mujeres guitarristas; si pensás en una pintora famosa solo viene a la mente Frida Kahlo y si jugas Magic tal vez Rebecca Guay.

Es por esto que existe en mi la necesidad de tratar de entender el por qué de esta realidad que percibo. Descarto totalmente la postura de la superioridad biológica masculina o la de la mayor capacidad intelectual del hombre. Desde que una mujer me ganó jugando al tetris he abandonado esa postura mas allá de que por muchas otras razones podría volver a plantearla: nuestra indudable capacidad para estacionar el auto, la inmortal capacidad de orinar parados, nuestra superioridad en ciencias, arte, política, filantropía y lo mundano.

También sería muy ingenuo de mi parte creer que todas las mujeres son iguales, o que todas perciben nuestro pasatiempo como una perdida de tiempo. Lo que me atrae es saber que es lo que motoriza esa diferencia que yo veo abismal entre jugadores y jugadoras.

Recuerdo dos datos que ahora vienen a mi mente para mostrar esta diferenciación. Hace un tiempo, un camarada me dijo: “A las minas con las que ando no les digo que juego Magic, es como mi lado oscuro”. Yo solo pude responder con un “y si, como que te resta puntos”. Tiempo después, reflexionando sobre lo que había dicho, me di cuenta que tal cosa en parte era verdad y en parte no, y que todo dependía de a que blanco se apuntara.

Dentro de nuestro querido sótano, a diferencia de otros lugares, la presencia femenina no es abrumadora pero existe y de buen agrado pasan sus tardes entre larvas (o sea nosotros).

Esto demuestra que si bien podremos construir un juicio general y generalizador de la relación entre el Magic y la mujer, siempre estarán las salvedades particulares.

Cuantas veces hemos escuchado la frase “No, ahora estoy con una chica y no juego mas” o peor aun: “me casé y no me deja ir los sábados” ¿Cómo es posible esto? ¿Cuándo perdimos el rumbo de nuestro propio vicio? O peor aún ¿Cuándo dejamos de compartirlo?

Recuerdo hace mucho haber hablado con otro camarada que me dijo “Cuando me casé le dije, mira loca, yo juego esto, no me jodas” palabras mas, palabras menos. Cualquiera de los dos extremos (la auto-negación y la imposición) nos hace caer en un abismo de sin sentidos.

Tal vez la razón si esté en lo biológico. Recuerdo haber leído una frase que todavía hoy en día me hace reír (y mis disculpas a su autor por no recordar su nombre): “Deberían cambiar el nombre del Gigante de Dos Cabezas a Gigante de cuatro axilas”. Y si bien las mujeres están sometidas a las mismas variables sudoríparas que nosotros, la relación entre hombres sudados suele ser mas amena que la relación entre un hombre y una mujer sudada. O sea, nosotros siempre vamos a apestar más y nos lo van a hacer notar, así sea con un gesto.

Tal vez sea una cuestión de dominación y temor. Por mas enamorado que se esté siempre está abierta la puertita del celo y la sospecha (algunos las consideramos superadas si la relación es madura, pero siempre podemos ser temerosos, esta en nuestra naturaleza). ¿Qué hombre sumergiría a su pareja a una jaula de buitres mirones? Si bien este punto contradice mi teoría de que todos los que jugamos Magic somos feos (Nota del Editor: no coincido con eso, muchos somos lindos) ciertos elementos que destacan en relación a los modelos de belleza masculina pueden dar por valido este punto.

Tal vez sea una auto negación generada por nuestra incapacidad de ver a una mujer satisfacerse con algo que es nuestro... y seguro alguno pensó mal. Pero me refiero a como partimos desde un prejucio, y de antemanos vemos a las mujeres de forma tal que pensamos por ejemplo que no van a entender el juego. Aspecto que se puede potenciar por el hecho de no querer compartir algo que es propio, algo que pertenece a mi espacio, algo que no tengo porque compartir.

Las especulaciones sobre los motivos de la supremacía masculina podrían ser casi infinitas y ninguna de ellas basarse en más que una percepción subjetiva de lo que realmente creemos, sentimos o pensamos sobre la relación de las mujeres y el Magic. Pero si existe un denominador común en todas ellas que no es otra cosa que nuestra propia presencia.

Sin jugadores no hay magic, esto es simple y es algo que muchos dan por obvio pero que rara vez reflexionan al respecto ¿Somos acaso los hombres una barrera entre la mujer y los cartones? ¿Somos acaso artífices de la prohibición, consientes o inconscientes de ello?

Otra anécdota llego a mis oídos respecto de este tema. Un jugador de Magic había vendido todas sus cartas con el objetivo de agasajar y comprometerse con cierta fémina que lo había "cortado" a los dos meses. Si bien yo considero esta anécdota mas parte del folclore del Magic que un hecho verídico, la misma me permite ver como los hombres les negamos conciente o inconscientemente el lugar que las mujeres podrían tener en el mundo Magic.

¿Será esto acaso algo puramente local? Todos (y cuando digo todos es TODOS) recordamos a las simpáticas cariocas que nos deslumbraron en el ahora lejano GP Buenos Aires.

¿Cuándo fue la ultima vez que le enseñaste a tu prima (por ejemplo) o a alguna mujer a jugar? ¿Son tan fuertes nuestros prejuicios o nuestra supremacía fálica que nos hace olvidar que existe esa posibilidad? Y no solo para hacer que nuestro ambiente sea mas variado y plural, sino también para la satisfacción visual (por lo menos a primera instancia) de los queridos camaradas.

¿Podremos romper ese prejuicio que nos lo impide? ¿O el olor a masculinidad terminará convenciéndonos de buscar un compañero hombre? (y bien aventurados los que así lo hayan decidido, no siendo ese mi caso, claro está).

Para ir cerrando: los prejuicios, la costumbre y la falta de interés (si se quiere) lleva a que seamos nosotros mismos, los hombres, los que llevemos el estandarte de la soledad, que a algunos le pesa y les duele.

¿Seremos capaces de cambiar esto algún día?

Mis respetos a todas las mujeres que se han volcado al vicio, y mi invitación a todas aquellas que no lo han hecho aún.

 

 

Las opiniones de esta nota no son responsabilidad de The Magic Tutor, sino que muestran la opinión de su autor