KabutoHola nuevamente a todos y a todas!


Para irnos un poco de la rutina, hoy no voy a contar experiencias generadas por mi mediocre juego sino que voy a relatar (no tan superficialmente como en otros momentos) la odisea que implicó generar un nuevo lugar para jugar. Tal vez no es nuevo en un sentido absoluto (ya que existía gente que se juntaba ahí) sino como “la experiencia que asumimos como grupo los que estamos desde el principio” intentando ser un puente para un cambio.

Gran parte de lo que relataré a continuación será desde la una perspectiva exterior, ya que no soy el protagonista ni tampoco un observador de primera mano de varios de estos eventos (pero si de la mayoría). Cada parte del texto estará signada e influenciada por un color de Magic. Será tarea de Uds. descubrir cual es cual.


Todo comenzó hace mucho tiempo, luego de un intento fallido de reagrupar a la gente magiquera de zona sur, en un abandonado tópico en un foro la gente pedía resurgir de las cenizas. Fui así como vagando por esa maraña de inmoralidades que es Internet caí en el foro que acompaña a esta página. Se ve que mucha gente estaba en una situación similar a la mía, y mas allá de las desconfianzas que puede generar un medio tan anónimo como lo es éste, la cruzada ya estaba iniciada.

 

El despertar:


El plan fue trazado y la chispa desencadenó una cadena de acontecimien)tos que hoy en día siguen vigentes. Para serles totalmente honesto, desde el inicio esto tenía todas las de perder. Un horario capaz de desmotivar al más duro de los guerreros, ya que la cita era los sábados a la mañana, sino que también -si mal no recuerdo- solamente podíamos estar dos o tres horas. Si no hubiera sido por nuestro ardiente deseo de jugar, esto no hubiera prosperado.


Seamos sinceros ¿Cuántos de ustedes estarían dispuestos a “levantarse” (y esto es una forma de decir) a semejante horario para ir por los cartones solo por un par de horas? Ojo que cuando digo “un par” no es algo relativo sino algo concreto... bueno, a veces eran tres horas. Confío en que varios darían una respuesta positiva a mi pregunta.


Y así, frenéticos, fanáticos y maníacos comenzamos las reuniones, jugando con prisa ya que el tiempo nos corría, tiempo marcado por el aletargado aviso de nuestro anfitrión el cual prefería reservar el horario prime-time para otros juegos de cartas como lo son nuestros primos de Mitos y Leyendas o nuestros aun más lejanos vecinos Yu-gi-oh. Por una cuestión de respeto no diré el nombre de esta locación porque mas allá de las adversidades y de la mala predisposición (no en todo pero si en relación de brindarnos un mejor espacio/horario) nos dieron la mano o mejor dicho la chispa para empezar.


Los pocos que fuimos al principio -se los podía contar con la palma de una mano- jamás sospechamos lo que nos podría brindar el futuro.


Con un cálido abrazo Magic nos daba la bienvenida nuevamente.

 

El triste fin parcial:


Por las desavenencias ya nombradas anteriormente, sumado a un parcial agotamiento decidimos de común acuerdo abandonar el lugar que nos había acogido todo ese tiempo. Una muerte prematura para algo que ya se veía venir (o por lo menos para mí), una crónica de una muerte anunciada.


Este oscuro ritual matutino era abandonado, y nos resignados a vagar como zombis sin amo por los abarrotados basares de Lomas de Zamora, recurriendo a otros lugares sin mucho éxito.


Todavía recuerdo como pergeñamos y especulamos sobre cual debería ser nuestra “despedida” de aquel lugar. Quedar en buenos términos y agradecer era lo principal ante la posibilidad de tener que volver con la cabeza gacha y rogando ser considerados una especia de hijo pródigo, lo cual por suerte nunca pasó.


A esta altura el tema de jugar con cartas comunes solamente ya estaba floreciendo. Si bien hoy en día más de uno puede considerar que todo sigue medio crudo, sepan que en aquella época todo estaba muchísimo mas verde. La cocción todavía no ha terminado. Gente desconocida ya nos frecuentaba, y del primer cuarteto pasamos a ser más de una docena. Multiplicándonos como insectos la situación se podía ir de control si el crecimiento se mantenía.


Mas de uno hubiera muerto si las cosas no hubieran tomado el giro que dieron en ese entonces. Hoy por hoy miro hacia atrás y digo “que lo parió, que quilombo que era eso!”. Y si, no éramos mas que una infestación que crecía día a día.

 

“No hay espacio para ti aquí”:


Decidido ya el hecho de abandonar nuestro antiguo recinto comenzó la penosa peregrinación para terminar donde estamos hoy.


Gran parte del crédito de mantener vivo esto (en esta instancia) me excede, y si no fuera por el incansable accionar de uno de los miembros de nuestro grupo probablemente esto hubiera cambiado de forma o hubiera crecido de forma distinta. No creo que hubiera muerto, pero si sería distinto.


El conocimiento es poder, el poder hacer cosas. Todos sabíamos que se jugaba Magic en Quilmes pero debido a “malas experiencias” y por vaya uno a saber qué otros motivos personales, nadie quería ir a donde hoy nos juntamos. Es mas, muchos de los que hicimos crecer esto lo hicimos porque no queríamos ir ahí. En parte prejuicio y en parte desconocimiento, parte del motor que nos había empujado a buscar una alternativa nos llevaba a considerar como una posibilidad ir al lugar al que precisamente habíamos evitados desde el principio.


Con el afán de buscar y con la esperanza de encontrar consideramos y ordenamos las posibles alternativas. Recordamos que hace varios años no era raro que gente de nuestra especia frecuentara los “patios de comidas” de las cadenas de supermercados, asi que esa fue nuestra primer alternativa.


El cielo azul y encapotado y la humedad en el ambiente hacía que todo lo que tocaras tuviera esa extraña sensación a cuerpo de babosa. El olor a comida rápida y la subnormal musiquita de los juegos que de niños nos hacían tan felices brindaban el escenario dantesco de lo que pretendíamos sería nuestro nuevo hogar magiquero.


Habrán sido tres veces como mucho, ni siquiera escudándonos en el “yo hice una consumición, me puedo quedar” pudimos evitar ser contrarrestados por las fuerzas del orden internas del establecimiento. A esto hay que sumarle el hecho de ser repulsados de forma violenta por la algarabía de los niños a la hora de comer.


Esas horas extras que podíamos estar no justificaban semejante sacrificio, y mucho menos el riesgo de que algún descuidado vuelque su bebida gaseosa sabor cola sobre los cartones o morir a causa de colisionar con algún infante que imprudentemente circulase a alta velocidad.


Y así abandonamos la ciudad de Temperley sin pena ni gloria, habiendo sido rechazados sin siquiera haber podido entrar en juego.


Ya desangrados y cansados se probó una alternativa similar a esta ultima. Pasaré a relatar el hecho en forma de diálogo (sepan que los extractos no son fidedignos pero tratan de ser lo mas fieles posibles).


Magiquero: Hola, con unos amigos queríamos venir a juntarnos acá, los sábados a la tarde, queríamos saber si se podía.


Security guy 1: Si muchachos como no.


Magiquero: Ah, porque a algunos les gusta jugar a juegos de mesa y esas cosas, y quería saber si pagando algún coste de estimulo (mentira, dijo consumición) nos podíamos quedar. (El riesgo hubiera sido que nos pidieran un mantenimiento acumulativo)


Security guy: Si, no hay problema, calculo…


Magiquero: Y hay algunos a los que les gusta jugar juegos de cartas, onda así como el truco.


Security guy 2: Mmmm, si calculo que todo bien, mientras no haya plata de por medio, jajaja…


Magiquero: Si, jajaja… y a algunos les gusta jugar con unas cartas así con dibujos, que es como un juego de estrategia, que se llama Magic.


Security Guy 1 y 2 al unisono: Ah no, eso no.


Magiquero: ¿no? Pero si vamos a consumir y todo.


Security Guy 1: Lo que pasa es que el ajedrez y el truco son culturales (sic.), asi, argentinos (¡) , eso no, no podemos dejar que se queden muchachos.


Y así, prematuramente contrarrestados desde la más vulgar de las ignorancias, nos volvimos a quedar sin  entrar al juego.


Casi resignados y habiendo perdido a varios adeptos en el proceso -y si bien no es mi costumbre nombrar gente puntualmente, le mando un especial saludo a nuestro camarada “Azul” ya que no lo vimos mas- fuimos a nuestra última alternativa.

 

Una nueva esperanza:


Encarar de a varios siempre es mas fácil (o por lo menos eso dicen) y así fue como caímos en el lugar en cuestión. Mucho mas sucio de lo que esta ahora, no nos sentimos (a diferencia de otros momentos) bien recibidos. Pero mas allá de que en algunos momentos pudimos sentirnos algo incómodos y hasta menospreciados, por alguna razón poco a poco pudimos (o por lo menos eso creo) derrumbar esas paredes.


Congregados y en busca de construir un lugar, una esperanza convertida en más vida, un resurgir transformado en algo en cierta forma bello (con sudor, pero bello al fin).


Algo que demostró tener protección contra aquello que podría perjudicarlo, contra aquello que podría quemarlo. Ahora éramos un círculo, dispuestos a no movernos más.


Con simpleza y humildad, ganando confianzas y tratando de ser cada día un poquito mejor (mas allá de las muchísimas diferencias y dificultados que pasamos) ya estábamos establecidos y ni siquiera el gigante del desprecio y la indiferencia podría movernos, tal vez el único gigante que podría destruirnos seria el de nuestra propia enormidad.

 

¡Crece, crece, crece!:


Personalmente siempre trato de hacer las cosas de la mejor manera posible, creo que uno hace las cosas mal cuando la situación lo excede.


Nuestra pequeñita reunión crecía a paso veloz. Jamás una multitud, pero si la cantidad justa como para irse de las manos y empezar a generar rencillas y molestias en donde no deberían existir.


Esto avanzaba inevitablemente a ese estado salvaje que generan los participantes anónimos. Cuando todos se conocen el ambiente es otro, existe calma, pero cuando cae gente por primera vez (y bastante) es inevitable desconfiar, aunque sea un poquito, y la jungla vuelve a ceñirse sobre nosotros.


Creo que si en ese momento no recibíamos la ayuda de quien hoy es nuestro juez, posiblemente hubieran ocurrido dos cosas.


1) El camarada que se tomaba la molestia de tirar los parings y sacar el puntaje manualmente estaría ahora internado en el borda.


1)Yo estaría jugando Yu-gi porque no querría saber nada más con Magic.


Por suerte el crecimiento fue controlado: salvaje, pero controlado a tiempo.


Si bien hoy la tendencia ha disminuido, cada tanto sigue cayendo gente para jugar Gigante de dos cabezas, liga estándar, nuestro torneo de comunes o las muchas otras cosas que se organizaron desde que nosotros llegamos.

 

Y al final:


Cada uno interpreta Magic a su modo, algunos lo verán como una forma de conocer amigos, otros como la excusa para competir, para otros la razón de su existencia, y así cada uno en su particularidad disfruta, padece, sonríe y sufre Magic. Siente que ese pasatiempo hace algo más que llevarse el tiempo. Y que ahora estás casado y tu mujer no te deja jugar, que tuviste un pibe y no podes gastarte una millonada en 4 Tarmos, que ahora laburás y no tenés forma de ir porque los horarios no te coinciden y miles de escenarios similares.


Larga vida a aquellos que disfrutarán del juego, a aquellos que lo hacen hoy en día y a aquellos que le han dicho adiós, pero que nunca lo hacen de forma definitiva.